Las Islas Cícladas
Las Cícladas son un archipiélago griego situado en el centro del mar Egeo. Su nombre deriva de la palabra griega κuklos, que significa círculo, con él, los antiguos geógrafos hacían referencia a la peculiar distribución del archipiélago, que parece extenderse como un círculo en torno a la sagrada isla de Delos, en contraposición al resto de las islas del Egeo a las que llamaron Espóradas, es decir, dispersas.
Las Cícladas comprenden alrededor de doscientas veinte islas, siendo las principales (ordenadas por tamaño): Naxos, Andros, Paros, Tinos, Milo, Ceos, Amorgos, Íos, Citnos, Miconos, Siros, Santorini, Serifos, Sifnos, Síkinos, Anafi y otras doscientas islas menores, de las cuales hay que destacar por su importancia histórica y arqueológica la isla de Delos. La geografía de las islas es montañosa. El clima es seco, caluroso en verano y templado en invierno. Los fuertes y frecuentes vientos marinos a veces provocan problemas de comunicación a los barcos que enlazan las islas con el resto de Grecia.
La arquitectura típica de los pueblos, con casas y callejuelas encaladas de blanco y puertas y ventanas de vivos colores, especialmente el azul, son uno de los mayores activos del turismo griego, y hacen de las Cíclades, en especial de Miconos y Santorini uno de los destinos clásicos del turismo de toda Europa. En la época medieval las islas estuvieron dominadas por los venecianos, por lo que aún queda una pequeña minoría católica, una de las pocas en Grecia, país de mayoría ortodoxa.
Las islas son la cuna de la civilización cicládica, algunos autores piensan que la civilización cicládica es continuación o está relacionada de algún modo con la civilización minoica, originaria de la isla de Creta, al sur de la Cícladas. Son la cuna de la gran civilización griega y deben a ella su bellísima presencia. Eso las hace uno de esos lugares en la tierra que todos debemos visitar al menos una vez en la vida.
Algunos dirán que sus costas y playas son el mejor lugar para la inspiración y el descanso, pero lo cierto es que lo mejor es visitarlas a todas, porque ninguna debe ser pasada por alto. Su ubicación las ha puesto históricamente en una situación privilegiada para el comercio y además cuentan con excelentes artesanos que trabajan la arcilla y el mármol de manera muy particular, con un impresionante dominio de la piedra lo que ha favorecido de manera sobresaliente la arquitectura y decoración de viviendas y espacios públicos.
Las comidas típicas son basadas en verduras, pescados y olivo, de ahí la gama es amplia, pero siempre con el inconfundible sabor de la gastronomía mediterránea. Cercanos a las playas de cada isla, hay restaurantes comodísimos que sirven las especialidades, como el famoso mezédes, plato de entrada que abre el juego. Después destacan los guisos, las alcachofas y el Keftédes, sin duda uno de los platos más ricos que brindan en el archipiélago. Para beber nada mejor que uno de los excelentes vinos griegos.
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